martes, 23 de marzo de 2010

IN CRESCENDO


Editorial I
Sin compromiso contra la corrupción
El incumplimiento de los principios de transparencia es una falta moral severa por tratarse de un vil engaño a los votantes

Noticias de Opinión: Martes 23 de marzo de 2010 | Publicado en edición impresa

Por instancias de la Mesa de Diálogo Argentino e impulsado por la Oficina Anticorrupción, todos los candidatos presidenciales salvo Carlos Menem suscribieron en 2003 un acuerdo titulado "La transparencia como política de Estado", en el cual se comprometían a adoptar numerosas medidas vinculadas a la transparencia y la lucha contra la corrupción.

Entre las numerosas propuestas a las que adhirieron los potenciales presidenciables de aquel entonces se incluyeron la realización de una auditoría del estado de las causas penales por delitos contra la administración pública, la ampliación de las normas que regulan las figuras del "arrepentido" y de testigos protegidos -que actualmente rigen para casos de narcotráfico y terrorismo- para los casos de corrupción, la creación de un régimen transparente de entrega de Aportes del Tesoro Nacional (ATN), el mejoramiento de la transparencia y los controles en la administración de fondos reservados de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE), la elaboración de un régimen transparente de administración de fondos electorales y de partidos políticos y un sistema de premios y castigos para la aplicación de las recomendaciones de los organismos de control.

De más está decir que ninguno de los compromisos asumidos fue cumplido por parte del espacio político que ganó esas elecciones, sino que, en cambio, se produjeron evidentes retrocesos. Desde estas páginas hemos venido denunciando constantemente un debilitamiento manifiesto de los organismos de control, entre otros la Sindicatura General de la Nación, la Auditoría General de la Nación, la Oficina Anticorrupción, la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas y la Defensoría del Pueblo.

Los funcionarios que integran la administración central y los legisladores oficialistas tienen responsabilidad central por esta situación. Pero, a su vez, los partidos de la oposición no han sabido evidenciar frente a la opinión pública el incumplimiento de esos deberes por parte del Poder Ejecutivo ni se han unido en presentaciones conjuntas de proyectos de ley imprescindibles para obtener ese ansiado fortalecimiento.

En otras palabras, los partidos que deben controlar al Gobierno no han sabido comunicar adecuadamente a la ciudadanía cuáles son los proyectos necesarios para evitar el debilitamiento al que han sido sometidos los organismos de control. Si se hubiera consolidado un movimiento por la transparencia y anticorrupción, que incluso podría haber sido integrado, además de por partidos políticos, por organizaciones sociales, empresariales y sindicatos, en los años en los cuales la actual administración mantuvo mayoría en ambas cámaras legislativas, podría haberse llegado a esta instancia -una mayoría legislativa compuesta por espacios opositores- con mejores diagnósticos y consensos sobre las medidas que deben adoptarse en este contexto.

La falta de compromiso con los principios republicanos y, especialmente, con el rol clave que deben asumir estos organismos estatales es responsabilidad primordial del Poder Ejecutivo.

El incumplimiento con los principios establecidos en el acuerdo sobre transparencia y anticorrupción promovido por la Oficina Anticorrupción es aun más grave, pues resulta una falta moral severa al constituir un engaño a los votantes. A su vez, la oposición tiene responsabilidad por omisión por los costos de los retrocesos evidenciados durante los primeros años de gobierno y por no haberse preparado para llegar de mejor manera a la instancia en la cual nos encontramos luego de las elecciones legislativas de 2009.

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Editorial ISin compromiso contra la corrupción

El incumplimiento de los principios de transparencia es una falta moral severa por tratarse de un vil engaño a los votantes

lanacion.com | Opinión | Martes 23 de marzo de 2010


el dispreciau dice: la corrupción es mucha, está por todas partes, esencialmente anidad en la función pública y amparada por el poder político en todas sus formas... su expresión es variada, se extiende desde la coima hasta el hecho de proponer un candidato que luego desaparecerá o bien será cambiado por otro o será dado de baja por conveniencias personales o antojos partidarios. La corrupción crece cada día a manos de los intendentes, gobernadores, legisladores, el propio poder ejecutivo nacional y algunos jueces que no recuerdan qué fue lo que juraron al asumir. En este estado de confusión propia y mediáticamente manipulada, la clase política se torna impresentable y consecuentemente "no confiable" más allá de sus discursos siempre vacíos, nefastos, con doble mensaje y doble sentido. Cuando se habla de corrupción se habla de dineros mal habidos, pero a decir verdad, un acto de corrupción se revela en la manipulación de los indicadores sociales tanto como en el hecho de omitir actos de reparación histórica, derechos humanos mentidos, asesinos y violadores liberados, narcotraficantes protegidos, víctimas olvidadas, ayudas capturadas por políticos para obtener un mejor bienestar a expensas de inundados y otros golpeados por distintas catástrofes... y la podríamos seguir, diciendo que también es corrupción cuando los agentes de seguridad y/o control piden coimas para sus jefes o persiguen a ciudadanos para vejarlos utilizando mecanismos jurídicos dudosos como lo son fotografías, videos, correr las señales, atropellar a inocentes (Pomar y otros), y más y más. Argentina es un modelo de corrupción usualmente aceptado por todos ya que la sociedad necesita sobrevivir a los atropellos que inventa la clase política en su totalidad, los unos y los otros. El hecho de proponer a un extranjero como eventual candidato presidencial en el futuro inmediato es un nuevo atropello a la razón constitucional, es tan inaceptable como ofrecerle el cargo de diputado nacional. Ello es el reflejo de cuan mal estamos y cuan peor lo haremos, en caso de... El otro hecho de pretender un pacto de la Moncloa (sudaca claro está) a la argentina, es parte del pensamiento facilista (naif) de una política vetusta y acostumbrada a burlar los principios ciudadanos. Aquí un pacto de la Moncloa es imposible porque la clase política se sustenta en la soberbia y el desprecio y lo que firman hoy lo borran en un rato, acomodando sus necesidades y sus criterios a sus disidias... Entonces la corrupción crece, y crece, y crece. Indudablemente, se hace necesario que una generación entera de políticos se extinga para que nuevos aires invadan el espacio aéreo nacional, abriendo las mentes y ocupando los corazones... mientras ello no suceda, hablaremos siempre con más de lo mismo. Este estado nacional es violador y vejatorio..., por algo se ocupado en destruir todos y cada uno de los mecanismos de control. Marzo 23, 2010.-

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