martes, 7 de septiembre de 2010

ACORRALADOS (NOSOTROS)

Cómo luchar contra las drogas
Carlos Fuentes
Para LA NACION

Noticias de Opinión: Martes 7 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa

La Comisión Global sobre Políticas de Drogas es encabezada por los presidentes Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, e incluye a personalidades como Javier Solana, Amartya Sen, Graça Machel y William Perry.

El primer informe de la sección latinoamericana de la Comisión Global indica de entrada que la política contra la producción, el tráfico y la distribución de droga, que criminaliza al consumo ha fracasado, si consideramos que en América latina han aumentado el consumo, la violencia y el crimen organizado, que condujeron a la criminalización de la política, a la politización del crimen y a la creación de múltiples vínculos que favorecen la corrupción de funcionarios y policías, y la infiltración del crimen en las instituciones.

La comisión Cardoso-Gaviria-Zedillo pide que, en primer término, se reconozca el fracaso de las políticas vigentes y se propongan nuevas políticas más seguras. Ello no implica -importante inciso- desconocer las políticas actuales, sino ofrecer estrategias alternativas, subrayar los temas de la prevención y el tratamiento, aunque aplicando acciones represivas cuando sean necesarias.

Las políticas prohibicionistas de los Estados Unidos y las europeas de reducción de daños no lograron ni reducir los mercados ni reducir el consumo: ambos han aumentado. Colombia, primero, y México, hoy, se convirtieron en epicentros de un negocio que depende de la demanda de los consumidores. Se trata, en consecuencia, de disminuir la demanda.

¿Cómo? Convirtiendo el consumo, de actividad criminal, en problema de salud pública, y a los adictos en pacientes en vez de compradores. Con ello se reduciría la demanda y bajarían los precios. La solución "carcelaria", por así llamarla, de los Estados Unidos, no puede funcionar en América latina. Contamos ya -Brasil y México son amplio ejemplo de ello- con una superpoblación carcelaria, sistemas penitenciarios anticuados, extendidas redes de corrupción, como lo demuestran los hechos recientes de la cárcel de Gómez Palacio, Durango, en México, en la que la dirección permitía a un grupo de reclusos salir de noche, perpetrar crímenes y regresar al amanecer a la penitenciaría.

El simple prohibicionismo no ha reducido ni la producción ni el consumo. Las políticas en vigor han atacado la oferta más que el consumo. Nos hemos dado cuenta, en otras palabras, de que eliminar la oferta no elimina la demanda, y la demanda se traduce a menudo en muerte por sobredosis y transmisión de infecciones. Doscientos cincuenta millones de seres humanos, globalmente, usan drogas. Sólo veinticinco millones son dependientes, lo cual, en sí, indica que el tratamiento es más importante que el castigo. La Comisión piensa que así como las campañas contra el tabaco, el alcohol y las enfermedades de transmisión sexual han tenido éxito, lo tendría una campaña preventiva que se dirigiera a la demanda tanto como a la oferta.

Resulta claro que hay que multiplicar las campañas de información y de prevención, dirigidas sobre todo a la juventud, que mayoritariamente representa el mercado de las drogas. Hay que hacerles entender a los consumidores -sobre todo a los jóvenes- que la drogadicción afecta el poder de decisión, la inteligencia y el trabajo, y a la sociedad en su conjunto, pedir la cooperación contra la violencia, la corrupción, el lavado de dinero, el tráfico de armas y el control de territorios, hechos que nos afectan en la vida privada y en la vida social y nacional. ¿Cómo se mide, al cabo, la infiltración del crimen en todos los niveles de la vida política de un país, en gobiernos municipales, estatales y aun nacionales? Si esto no se puede ni saber ni atacar frontalmente, entonces aumenta la importancia de lo que sí se puede hacer, por modesto, aunque iniciático, que sea.

Además, América latina en su conjunto y México, muy particularmente, tienen una población juvenil extensa que se plantea problemas de futuro profesional. Muchos escogerán el camino fácil, del crimen y la droga, si nuestras sociedades no les ofrecen horizontes mejores en países en gran medida democráticos, pero estancados en cuanto a su dimensión social de servicio. Tenemos una población juvenil y de trabajo que puede poner al día las infraestructuras, la educación, la salud y las comunicaciones a menudo inservibles o anticuadas de América latina.

Cómo luchar contra las drogas

Carlos Fuentes

lanacion.com | Opinión | Martes 7 de setiembre de 2010


el dispreciau dice: el mayor volumen del negocio de las drogas se concentra en los Estados Unidos de América y Europa, lugares donde el consumo crece sin solución de continuidad, enseñando que las acciones políticas diseñadas para limitar la producción, tráfico y consumo de estupefacientes, ha fracasado rotundamente. Cabe preguntarse: ¿el fracaso es por impericia en el diseño?, o bien, ¿el fracaso se debe a conveniencias de partes?... Todo indica que los estados no ven lo que no quieren. Todo indica que las organizaciones de contralor no detectan aquello que sus integrantes no quieren ver. Más allá de las razones de los fracasos, los estragos de las drogas en las mentes de adolescentes, adultos, y peor aún en niños, está a la vista, sin que nadie atine a hacer algo que modifique el escenario, que dicho sea de paso permite lavar miles de millones de dólares y euros, tanto como mover las economías de países acorralados por sus propias negligencias. Las culpas se reparten entre Colombia, México, Perú o Bolivia, sin embargo, si de responsabilidades se trata, mucha más culpa se podrá focalizar en el lejano oriente donde la droga es parte de la economía, tanto como sus productores son motores de la degradación humana. Curiosamente, a ciertos países de occidente dicha circunstancia les conviene, por lo tanto, les alcanza con mirar hacia el costado, sin ver ni tampoco escuchar algo que es evidencia plena. De allí que los números están pero no son demasiado claros... de allí que las estadísticas están pero no son demasiado confiables. Detrás, la realidad social de países cada vez más empobrecidos, está determinando que la producción y tráfico de estupefacientes sean una "salida laboral" que permite a algunas personas, a cambio de sus dignidades, salir adelante y escapar a la esclavitud propia de la marginación. Esa es la realidad de América Latina. Una realidad que concentra esfuerzos fronteras adentro de los Estados Unidos de Norteamérica y Europa, donde los discursos indican una cosa, pero hacen exactamente lo contrario. Se sabe que si pretendes no hacer nada, alcanzará con designar una comisión investigadora de algo... entonces nunca se sabrá nada cierto, nada genuino, nada corregible. Tanto Estados Unidos como Europa están repletos de comisiones, las que son copiadas por los países cuyas sociedades viven consumidas por la marginación. A expensas de no ver nada, el negocio de la droga crece y bien podría decirse que hoy por hoy sostiene a las economías de "reinos quebrados", demorando sus calvarios. El problema más grave que esta situación alienta se focaliza en que las poblaciones del mundo que no son consumidoras, ni tampoco trafican, por ende no participan del negocio de la droga, cada vez están (estamos) más acorralados, ya que hasta los bancos (inmaculadas instituciones del lado oscuro) subsisten gracias a los dineros lavados. Cuando el fracaso es en realidad conveniencia de poderes, nunca se solucionará nada, y justamente eso es lo que se quiere. Septiembre 07, 2010.-

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