domingo, 5 de mayo de 2013

CEIBOS Y CIRUJAS ► LA OTRA ARGENTINA ▲ La oportunidad que nació de la basura - 05.05.2013 - lanacion.com  

La oportunidad que nació de la basura - 05.05.2013 - lanacion.com  


Vale la pena

La oportunidad que nació de la basura

Hija de la crisis de 2001, la Cooperativa El Ceibo emplea a 100 personas que recuperan residuos y aportan al cuidado del medio ambiente
Por   | Para LA NACION
 De cirujas a recuperadores : la diferencia no es sólo semántica, sino también conceptual. Con esta consigna, la Cooperativa de Trabajo y Medio Ambiente El Ceibo se propuso convertir el cartoneo en un trabajo digno con impacto ambiental positivo. Lograron comprometer a vecinos y empresas para que comenzaran a separar los residuos en origen; le sumaron logística (dos camiones) y un centro de almacenamiento (galpón) donde procesan y enfardan cartones, papel, bolsas de nylon, botellas PET, tetra pack y vidrio. Y por último, el fardo empaquetado es vendido a empresas recicladoras que ponen ese material nuevamente en circulación.

La historia de El Ceibo es inseparable de cada una de las crisis que atravesó la Argentina en los últimos 30 años. Cristina Lescano, fundadora y coordinadora de la cooperativa, comenzó a cirujear luego de que la hiperinflación la dejara literalmente en la calle. En aquellos años, recuerda, revolvía la basura en busca de comida junto a su hijo Martín en su barrio, Palermo. "Fue una crisis tremenda", dice, sentada sobre una mesa de plástico cubierta con un mantel de hule floreado -que hace de oficina- y rodeada de números, papeles y tres celulares que no paran de sonar. Mientras ordena, se queja y pelea con los intermediarios (los que acopian mayor cantidad de material para obtener un mejor precio), Cristina cuenta que cuando ya estaba conformada la cooperativa se dieron cuenta de que la basura "no es ni de la empresa que la recoge ni del Estado, sino que pertenece a quien la genera. Hacia ahí apuntamos".

El Estado les facilitó, en 2003, un galpón de grandes proporciones en la colectora de la autopista Illia. "Nos otorgaron este lugar a cambio de la firma de un convenio que dice que lo podemos utilizar sólo para recuperación de residuos y para generar trabajo." En el amplio galpón el movimiento es incesante. Entran y salen los camiones, que dejan la basura en contenedores. Un grupo de trabajadores separa lo reciclable desde una cinta. "Ahí donde alguien ve basura, nosotros vemos algo que se puede recuperar", aseguran. La cooperativa logró la sustentabilidad del negocio reforzando la autogestión a partir del vínculo con vecinos de Palermo, Belgrano y Núñez, y también gracias al aporte de varias empresas que se comprometen todos los días a donar su basura ya clasificada a El Ceibo. La experiencia es tan exitosa que vienen de varios países (la India y Turquía, por ejemplo) a estudiar cómo trabajan.

En el entrepiso del galpón funciona un centro de experimentación con materiales reciclados a los que un grupo de profesionales en ingeniería industrial y diseño les está dando valor agregado. Por ejemplo, pronto saldrán a la venta una línea de juegos para niños con mensajes ecológicos. Y en carpeta está también la confección de otros objetos como bolsas para supermercados, carteras y mesas de jardín. Todo fabricado con materiales recuperados: cartones, bolsas de arpillera y plásticos.

El Ceibo tiene hoy casi 100 empleados. La jornada laboral se extiende de 7 a 16. El salario va de 2400 a 5000 pesos, según las tareas. Hay topes por excedentes e incentivos. Todo el material que esta cooperativa recupera (unas 18 toneladas diarias) no se entierra en la Ceamse. "Ese es el principal activo ambiental que generan, pero también significa un beneficio económico para el conjunto de los porteños, ya que la ciudad le debe pagar a la provincia por tonelada de residuos enterrados en el conurbano", explica Manuel Mateu, uno de los ingenieros que colabora externamente con la cooperativa. "Los cartoneros son desde hace años actores fundamentales en el cuidado ambiental de la Ciudad y son los que día a día impiden el enterramiento de grandes cantidades de residuos", añade.

Cristina termina su té y explica cuál es su sueño: "Quiero escribir un libro contando mi vida y la de los que me rodean para demostrar que no todo está perdido. Cuidamos el medio ambiente, tenemos un vínculo hermoso con los vecinos y las empresas. El mensaje es que, aunque es difícil, se puede salir adelante"..
 
el dispreciau dice: para no herir susceptibilidades fáciles... a los cincuenta años me quedé sin nada, viéndome obligado a recomenzar, a trazar una vida que supuestamente ya lo estaba... no importan las circunstancias... importa entender que uno se debe a sí mismo... lo demás lo concede la gracia del destino, del vivir, de saber que tal vez haya un mañana que nos contenga. MAYO 05, 2013.-

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