sábado, 27 de septiembre de 2014

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El rancho de San Pedro, un infierno de los Zetas en Veracruz | Internacional | EL PAÍS



El rancho de San Pedro, un infierno de los Zetas en Veracruz

EL PAÍS visita el campamento paramilitar desmantelado por el Ejército de uno los carteles mexicanos más violentos



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Gregorio de Jesús frente al Rancho San Pedro, Veracruz. / SAÚL RUIZ


En las primeras horas del domingo 31 de agosto, Gregorio de Jesús Garay, de 84 años, escuchó dos o tres ráfagas de disparos que lo hicieron saltar de su cama. Es de los pocos testigos de lo que ocurrió ese día en Sierra de Agua, una localidad en Acultzingo (Veracruz, a unos 270 kilómetros de la capital de México).
A los visitantes que habían ido a su comunidad los había recibido con gritos y amenazas. Hoy sí quiere hablar. “Aquí llegaron, y los vi. Hubo muchos tiros, pero los hombres no se espantan”. Es el velador. Dice que cuando comenzó el tiroteo, salió por la puerta de atrás y se puso a silbar. Por la entrada principal hay marcas de disparos y una mancha de sangre de unos tres metros. Ese día llegaron el Ejército, la Marina de México y la policía de Veracruz con el objetivo de desmantelar un “campamento de entrenamiento” del crimen organizado. El saldo: 33 detenidos y tres presuntos sicarios muertos.
El rancho San Pedro, el supuesto campamento, tiene más de casa abandonada que de sofisticado campo paramilitar. Una nota publicada enEl Universal dice que se confiscaron unos rifles y una pistola: nada que ver con los poderosos arsenales que manejan los carteles mexicanos. Hay un alambre de espino, catres y poco más.
Yo sé que Diosito me cuida, pero también debo cuidarme de los humanos", dice una habitante
Entre frases cortadas, don Gregorio explica que ahí antes había “chavitos”: jovencitos que no rebasarían los 20 años y que, según las autoridades, eran entrenados para ejercer como futuros guardaespaldas del grupo criminal que domina la zona. Pocos entran por voluntad propia, explica un funcionario que pide no ser identificado. "Ellos se los llevan, los secuestran. Son chicos que no tienen otra opción. Tienen que venir aquí para ver la situación. Hay mucho abandono". Y a ellos casi nadie se atreve a llamarlos por su nombre. Solo un chico, en Acultzingo, y tras cerciorarse que “no lo están grabando”, explica: “Es que allá [en Sierra de Agua] están los de La Letra”. Los Zetas, uno de las bandas más sanguinarias de México.
La deslumbrante belleza de Sierra de Agua, de unos mil habitantes, contrasta con el inquietante silencio que rodea a la comunidad. Hay poquísimas personas en sus veredas y, entre los que hay, nadie vio nada, nadie supo nada y nadie sospechaba nada. “Aquí es mejor no enterarse de lo que ocurre”, dice un habitante. Solo cuenta que ese 31 de agosto “se puso bien feo”.
En el comunicado oficial, difundido por el Gobierno de Veracruz, no hay nombres ni de los muertos ni de los detenidos, salvo la aclaración de que fueron entregados al Ministerio Público. También indica que al día siguiente de la operación, la policía municipal de Acultzingo no había acudido a trabajar. “Eso no es verdad, aquí está nuestra policía”, dice un funcionario municipal.
El hecho es que sí hubo una policía municipal que no acudió a trabajar al día siguiente, pero no fue la de Acultzingo, sino la de Maltrata, un pueblo vecino de unos 14.000 habitantes. Tal y como dice el comunicado, al día siguiente de la operación, todos sus policías municipales huyeron. Pero no los de Acultzingo: los de Maltrata. Dicen que de ahí era el hombre encargado del supuesto campamento: un hombre al que apodaban El Bucanas, un hombre rubio señalado como exjefe de la policía de ahí.
Los encargados de la seguridad de Maltrata son ahora una decena de policías estatales que permanecen encapuchados todo el tiempo, incluso cuando el alcalde del pueblo, Miguel Ángel Barreda, recibe, altanero, a los visitantes. Se le pregunta por El Bucanas: “Yo, por apodos, no conozco a nadie” es su única respuesta.
Comunidad de Acultzingo, Veracruz. En esta zona se situaba un campo de entrenamiento del cártel de los Zetas hasta el 1 de septiembre de 2014. / SAÚL RUIZ
Los habitantes afirman que se sienten mucho más seguros con los policías encapuchados que con los que huyeron. “Ahora sí se puede pasear por las noches, estamos mucho mejor”, dice Aurelia Bartolo, de 49 años, a las puertas de la iglesia del pueblo. La mujer cuenta que hasta dejó de ir a “la hora santa” que oficiaba todos los días el párroco de Maltrata debido al miedo. “Yo sé que Diosito me cuida, pero también debo cuidarme de los humanos”.
Hablan de que los asesinatos, las violaciones y los desaparecidos eran comunes en el pueblo. “Pregunte a don Epifanio, a él le secuestraron a una hija”. Epifanio Huerta es un hombre de unos 50 años que, de muy mala gana, acepta hablar a través de la ventana de su casa. “Mire, se llevaron a mi hija y yo me he cansado de denunciarlo. Nadie hace nada. No hicieron nada. Aquí no nos ayuda nadie. Estoy harto”, dice, indignado, antes de cerrar la ventana.
Acultzingo y Maltrata son dos comunidades enclavadas en la Sierra Madre Mexicana y rodeadas de espectaculares cumbres, entre ellas el Pico de Orizaba, la más alta del país con 5.600 metros de altitud. El acceso a los pueblos no es asunto sencillo. Tras la visita al rancho San Pedro, Eduardo Contreras, enlace de la Policía Municipal de este municipio con la Secretaria de Seguridad Pública (SSP), insiste en que no se puede ir del lugar sin probar sus truchas. “Para que vean que no todo es feo”. Apenas sentados en el comedor situado junto a la carretera que conduce a Sierra de Agua, aparece un coche del Ejército y se mete a la comunidad. Solo tarda unos minutos en volver a salir.
Al regresar, hay dos mujeres llorosas en una de las casas vecinas al rancho San Pedro. “Se llevaron a mi marido”, dice una. Apenas cuenta “que se dedicaba al campo”. Que ella no estaba ahí cuando lo detuvieron. No han pasado ni 10 minutos de lo ocurrido. Ella y la otra mujer, de nuevo, se niegan a dar más detalles. No vieron nada. Nadie vio nada.
Mire, se llevaron a mi hija y yo me he cansado de denunciarlo. Nadie hace nada", dice un vecino de Maltrata
Los 33 capturados tras el operativo fueron trasladados a cárceles en el norte de México, a casi 2.000 kilómetros de Veracruz. Permanecieron 48 horas custodiados por el Ejército, según un informe oficial. Los tres muertos eran dos chicos menores de edad y uno de 27 años. Luis tenía 17 años y “apenas había ingresado a la banda”, explica su propia madre. Pascual, también de 17, vivía en Acultzingo. Sus padres fueron a identificar su cuerpo. El tercero tenía 27 años, se llamaba Juan Manuel Piedras Morales, y fue el primer identificado. Sus funerales también fueron vigilados por las Fuerzas Armadas. La policía que patrulla Maltrata, los que no se quitan la capucha ni con el alcalde enfrente, reconoce en voz baja: “Nosotros vamos a morir acá. Pero vamos a morir con nuestro honor intacto, porque nunca hemos sido corruptos”.

el dispreciau dice: el imperio aliado nazi, o lo que es lo mismo, el imperio nazi "aliado", que hoy intenta devorarse al mundo árabe aduciendo razones democráticas y de las otras, ha sumido al mundo humano en una tragedia que se ve creciente... una nueva guerra mundial sin rostros, donde todo se oculta detrás de una sonrisa, detrás de un uniforme militar que esconde a un delincuente, detrás de una sotana que esconde un pedófilo, detrás de una mafia que trafica con niñas para hacerlas prostitutas, detrás de otra mafia que vende riñones pobres a pagadores ricos, detrás de un presidente democrático que no es más que un delincuente con rango y grado de poder, detrás de un rey sin escrúpulos capaz de traicionar sus propios principios por una pizca de poder, detrás de un funcionario felpudo que vive recogiendo las migajas del pan del rey o del primer ministro o del canciller o del obispo... y todo está raro  porque el narco que sirve al gran lavadero del imperio, sirve para imponer miedos a los pobres y someterlos a novedosas esclavitudes de silencios y complicidades, donde el narco le reza a la Virgen de Guadalupe para poder seguir asesinando a sus propios hermanos, mientras la propia Virgen de Guadalupe huye despavorida de tanta humanidad atrevida y engreida... el negocio del imperio se sembró en China... en la India... en Colombia... en México... en Perú... en Bolivia... también en la Argentina... porque el imperio necesita sembrar miserias humanas para sostenerse, ya que carece de argumentos pero le sobran excusas... entonces América se vuelve tragedia social... creciente... donde los pobres ven pero no oyen... donde los pobres oyen pero no quieren ver... y se encomiendan a Dios con la esperanza de agregar un día más a la gracia de sus destinos, todo ello mientras los funcionarios del imperio, algunos con "nobeles" de paz recibidos, se ríen de los mortales, de los inocentes, y de los pobres caídos...
la indignación de la gente no alcanza... porque las clases políticas están vacías de contenidos, pero peor aún, están vacías de morales, vacías de éticas, vacías de humanismos, aunque le sobran discursos que no son más que ruidos...
es lo mismo la derecha que la izquierda, porque las dos parten del principio de lo "mentido"...
no hay democracias en el mundo humano, ya no quedan... aún cuando todavía haya voto para saberse elegido... tampoco hay repúblicas, y todos los gobiernos no son otra cosa que dictaduras de unos pocos que se creen mesías, por haber sido elegidos por el imperio que permanece escondido... en algún lugar de la Europa medieval... o entre algunos que se creen inmortales por saberse distintos... de sus hermanos empobrecidos...
podría decirse que México tenía mejor destino... pero no hay Virgen de Guadalupe que salve de la soberbia, del desprecio, del desquicio... porque en el resto de América, y en el resto del mundo sucede lo mismo... todo es mentira... 
hay muchos inocentes, muchos humildes, muchas gentes tristes que caminan en silencio sin emitir sonido... pero el poder las insulta, atropellando sus destinos, sean narcos, mafias o viles políticos, todos son parte de lo mismo... sin embargo son pocos, ejerciendo daños sobre los prójimos perdidos...
como siempre sucede... en algún momento el viento cambia... y lo que estaba arriba queda debajo... y cuando ello ocurre, no hay atrás... entonces vienen las revanchas de los afligidos... los odios se revuelcan, y surgen nuevos gritos... la indignación avanza devorando al que antes había oprimido... y te diré, querido amigo, está por ocurrir... el espejo se ha roto... y aunque ahora son todos enemigos... la guerra se está por comer a todos los creídos de sí mismos. SEPTIEMBRE 27, 2014.-




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